Let the music play...

Datos personales

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Nací en Iquitos, en una casa con techo de calaminas y gatos ladrones. Fui un muchacho tranquilo, a pesar de Alan García y el acné. Estudié Derecho para tener acceso a la biblioteca de mi universidad. El periodismo me descubrió oficios decentes en medios escritos. He participado como columnista, ensayista, narrador cronista y analista de diversas publicaciones (muchas más de lo que merezco y debería). He trabajado en todo lo que cayó para parar la olla: promotor cultural, coordinador de eventos, negro literario, conferencista, organizador de semanas turísticas, comentarista radial, jurado de concursos de belleza, editor de videoclips, libretista, asistente de cinematografía, representante de ventas, acompañante de RR.PP. Mi cuenta bancaria atraviesa la desnutrición absoluta. He publicado en coautoría “Libro de Estilo de Kanatari” (2004). Tengo mi espacio semanal en Pro & Contra, escribo notas sobre cine en un portal web y administro este blog. Acabo de publicar el libro de crónicas IQT (Remixes). Añoro la asepsia de los aeropuertos y el olor de los aviones. Siempre me estoy yendo, no sé por qué.

martes, 6 de mayo de 2008

EL BAILE INTERMINABLE

Una historia completa de IQT (Remixes), sobre las noches calenturientas de cumbia en el nuevo Iquitos.

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11.37 p.m. Una enorme banderola fosforescente, colgada entre postes de luz que resguardan - cual guardia pretoriana - la entrada, es la antesala perfecta tras la cual se guarecen motocarristas con su sticker del Che adherido al guardafangos, borrachos de todas las edades, vendedores de comida/cigarrillos/licor. Un anuncio da la bienvenida a la más grande presentación de la temporada, fina cortesía de Pilsen Callao, la campeona de la calidad.

Ingreso, acompañado de mi mancha agustiniana. Las primeras imágenes son heavy: paredes rayadas hasta el paroxismo, portones de metal recargados con colores y texturas indescriptibles, una sensación gomosa, viscosa y resbaladiza en los pisos que no sueles descifrar en la penumbrosa complicidad, el campo abierto de tierra que hace las veces de precario estacionamiento. En medio de todo, una estructura de cemento con cuatro vigas maestras (un hangar) sirve de guarida. Hace bastante calor. Los techos retumban. A mi costado, una enorme fila humana se prepara para pasar por caja y adquirir – a módicos cinco nuevos soles – su dosis semanal de acceso al exceso. Jovencitos corren rumbo al centro nuclear de la fiesta, esperando conseguir el lugar ideal para atinar con lo bueno, lo malo y lo rico de este pampón. Letras naranja-amarillo-verde chillan el santo-seña: Explosión en el Complejo del CNI, tocando El negro Zarcillo y El viejo del sombrerón a través de sus poderosos y ensordecedores parlantes de 50 mil watts de energía sonora (Cualquiera puede quedarse sordo sin darse cuenta, con una mirada extasiada de placer).

Flashback. Dicen que en estos fastos de citaracuy, chimaichi, pandillada y changanacuy, antes que caminar, cada mujer nacida con su pasaporte amazónico estampado en el rostro lo primero que aprende es a bailar. El innato sentido de la cadencia se hereda y transmite de generación en generación. Aquel regalo de los dioses implica, además, un afinado sentido de la orientación y el más grande orgullo de saber que en cualquier fiesta o reunión, en cualquier lugar del mundo, ella tendrá un lugar destacado entre las de destacada actuación (sino, que lo digan cientos de gringos casamenteros que descubrieron las dotes musicales de nuestras señoritas a través de un programita de exportación llamado Videomatchmakers).

Gracias a esa devoción por olvidar las penas y bailar, en las últimas tres décadas se ha parido a Los Zheros, Los Silvers, Pax, Crash, Laser, Fuego, Euforia, Xendra, Sacúmer, D’ Mamey, Kaliente y tantos otros grupos de grata – aunque fugaz – recordación, dignos representantes de un género que ha tenido hijos predilectos de la prehistoria como Orlando Cetraro, Julio “Chispa” Elgegren, Eliseo Reátegui, “Chocho” Alván. ¿El estilo? Siempre bailable, pachanguero y cumbiambero, de la estirpe de Juaneco y su combo y Los Mirlos, que supieron desatar la alegría del respetable con composiciones propias o en aquello que el músico local ha sido siempre diestro: el cover y la movida, de raíces colombianas y sobre todo brasileñas (recuerden a Anita Kholer y Ruth Karina popularizando a finales de los noventa la tecnocumbia, que no era otra cosa que la adaptación de éxitos de grupos brasileños de toada).

Uno nunca podía estar seguro si la calidad de dichas agrupaciones se centraba en sus innegables dotes sonoras o quizás solo pertenecía al subjetivo apego de la moda. Ante la duda sobre la capacidad de definición, estaba el pueblo en muchedumbre cantando y danzando improvisadamente. De ahí adquirieron categoría oficial los bailódromos, palacios del sabor y la cumbia psicodélica, donde emergió el imperio de la música sin aristocracias.

Cada época ha tenido su bailódromo predilecto. Por ejemplo, para todos aquellos que alguna vez usamos desafiantemente camisas a cuadros de franela, jeans de costura rotosa y zapatillas Converse All Star recontra pezuñentas; que escuchábamos Nirvana en walkman negros aunque, por algún inevitable designio del subdesarrollo, calzamos en eso que los racistas del barrio –nunca faltan- llaman desafiantemente clase, es imposible desligar la juerga de una mole de concreto que nos recuerda suavemente al mascachicle, carachamiento y tahuampero Agricobank. Quien diga que no conoce el Agrico y se denomine a sí mismo con total desvergüenza “charapa”, es bambeadito. Hay que dudar de él, declararle la guerra soterradamente.

Ubicado al final de la calle Condamine, era imprescindible señuelo que todo tour turístico debía incluir en su periplo. Por aquel canchón han pasado, sin distinción, todos los personajes que he conocido en mi vida de estudiante (aunque sea de puro sapos); en este gran corazón de bordes ribeteados se divirtieron de todos los modos posibles importantes prohombres y delincuentes, desde la época del gavilán pollero hasta aquella en que Tony Rosado y Kaliente (objeto de culto en el Internet) hacían de las suyas. No sé por qué razón específica, el Agrico fue durante muchos años la primera y más efectiva escuela bilingüe de la ciudad. Los foráneos que conozco (quienes no podían pronunciar una sola palabra en castellano) y se han dado una vuelta por sus turgencias, al final del bailongo nos impresionaban con una perfecta pronunciación de términos tan caros a nuestro anecdotario regional como “chela”, “pucho”, “pichi” “huambra” y, claro está, “cache” (con lenguaje de manos incluido).

Sin embargo, todo tiene su final, nada dura para siempre. Un día, los regentes de un local que se perdía en la bruma nocturna del decrépito José Pardo, disponible para entrenamientos del glorioso club de fútbol y para partidos de tercera división, tuvieron la espectacular decisión de garantizar exclusividad a Explosión cuando el Agrico, en una incompresible y mortal movida económica, tuvo a mal que éstos compartiesen cartel con el grupo Kaliente (imposible, como juntar a Montescos y Capuletos a tomar el té luego de una disputa por tierras). Aquella dirigencia ahora anda mirándote de arriba abajo, con la barriga llena y el corazón muy contento. El Complejo del CNI se entregó a los ídolos del “orgullo amazónico”, mientras el Agricobank inició su lenta pero inexorable extinción.



1.23 a.m. A estas alturas del naciente domingo, el Complejo alberga a bichos y bichitas raras, adolescentes de pantalones holgados, niñitas con jeans y topcitos súper ceñidos, tíos mañosones con trampitas que parecen dar buen caldo, amiguitas que trabajan de empleadas del hogar de día y solo quieren divertirse de noche, gente que baja del Noa o del Adonis, parejas que hacen hora antes de entroncarse en algún matadero de Punchana, chicos UNAP y chicos mashacuris, gentita Rosa de América y gentita Roshaca; llegados a pie, en micro, motocarro, moto o autos último modelo. Seis mil mortales que pueblan las instalaciones de esta minita de oro que ahora los va a poner a gozar (¡pum, laralaralá, pum!)

En esta enorme extensión de terreno - que mis amigos del Comité Cívico “Todos Contra el Ruido” señalan como uno de los focos de contaminación sonora más procaces de la ciudad - se enciende el verdadero espíritu regional. Evidentemente, es un mérito haber transformado el muladar antiguamente dominado por la maleza y el olor a pichanguita en turbo-local preparado para competir y desbancar cualquier atisbo de competencia.

Habría que recomendar a Joselito, a las Aguas y demás líquidos bellos, así como a esas atrevidas agrupaciones norteñas que se alucinan las superestrellas del ambiente chicha, que paren su coche y se dediquen a otra cosa cuando escuchen a Explosión tocando, en el anticipo de esta noche mágica y sensual, un megamix de cumbias estilo La joyita; "esa joya tan preciosa, qué será..."

Explosión puede preciarse de ser, actualmente, el símbolo de consenso que aglutina a los loretanos, los de dentro y los desperdigados alrededor del mundo, con club de fans, incluido un foro de discusión en msngroups (en la que se da rienda suelta a los mensajes de admiración, incluso a la unión amorosa entre miembros). Una leyenda urbana cuenta que no hay nacido en estas tierras que - esté donde esté - deje de tener en su hogar un disco con la música del grupo. Han sido hasta el momento los únicos capaces de generar lealtades superlativas, así como convocar a través de su mismo swing a rivales y enemigos encarnizados.

Fundada en enero de 1998, es obra de la mente alocada y emprendedora de Raúl Flores Chávez, su propietario y gerente (manager, prefiere llamarlo él).

Antes de la celebridad, Flores era accionista de Euforia, hasta que se dio cuenta que las cosas no podían seguir con ese ritmo tan lerdo. Así, se jubiló de una empresa petrolera y el dinero de su liquidación –nada despreciable- lo invirtió en comprar aparatos y conseguir el material humano para conformar la empresa más rentable del medio. Desde entonces, digamos que en los negocios no le ha ido nada mal. Ha sido culpable de que varios grupos de la misma especie quiebren, debido a su voraz talento para las buenas y malas artes del bussiness.

Hay algo evidente: Flores siempre quiere ser el muñeco de la torta. No puede permitirse actitudes segundonas. Mientras bebe con su allegados whisky on the rocks, se le regalan - con lacito y cajita decorada - niñas y mujeres que buscan su plata y sus conexiones. Claro, él sabe lo que hace; por ello es admirado, envidiado y secretamente detestado por un considerable número de ciudadanos. Pero se hace el desentendido, el bacán, el que tiene la última palabra. A mí no terminan de convencerme sus disfuerzos cuando ordena a través de vales que llevan su firma las cervezas que – de docenas en docenas - los paracaidistas le solicitan fruición. Sin embargo, nadie puede negar que mantiene una filosofía de vida muy clara: el grupo que administra está a su servicio para engordar sus cuentas corrientes. No se anda con rodeos y conecta inmediatamente con el gusto mayoritario de la gente que pide ritmo y carne.

Explosión genera una vigorosa industria con su nombre, tanto dentro del Complejo como fuera de él. Todo lo que toca, como el rey Midas, se convierte en dorado (me comentan que una promoción escolar, en una noche gloriosa, logró recaudar más de 26 mil soles líquidos, gracias a esta muy rentable asociación y pudieron ir de viaje de confraternidad a Santiago de Chile por una semana, con papás incluidos). Los puestos de comida, los motocarros con sus máquinas infernales, los nunca bien ponderados hospedajes con espejos en el techo (entre ellos La Sombra, uno y dos, propiedad de mi promo Alfio Reátegui, ahí nomás a la vueltita; con una atención de primera) son consecuencia de este clímax calenturiento, sudoroso, chelero y súper pilas.

Obviamente, ningún suceso podría ser posible sin la presencia del recurso humano, más de 20 personas encargadas de poner el son y la alegría, repartir entradas gratuitas entre amigos y gente que les cae bien, recibir y publicar pedidos de saludos a través de los micrófonos (uno de los símbolos de status más importantes en esta ciudad). Ahí están, entre otros, “Papo” Torres, ingeniero de sonido y animador inspirado; el chato David Núñez, compositor estrella que de día es profesor de arte graduado en la Escuela de Música; el siempre sonriente director musical Eduardo Aguilar (más conocido como el “Negro Colao”); el peluconcito Omar Santos, experto en menear los mechones de su pelo negro crespo y entonar con gallarda simpatía los acordes de Corazón de piedra y Más que un amigo; Herbert Vela y su car’e loco insuperable y “Twinky” Villavicencio, dealer de la tecnología sonora.

Sin embargo, Explosión no existiría sin las Divas con “D” mayúscula. El binomio de oro. El dúo dinámico. Las chicas dinamita: Ofelia Chávez y Bettina Alván. Ellas decretan las leyes del deseo y son las más queridas y admiradas por estos lares. No es para menos.

Bettina, en su frágil motito de setenta centímetros cúbicos, con su cabellera negra larguísima y sus zapatotes taco aguja, posee una simpatía y voz impresionantes, tanto que los exagerados la han comparado con la malograda cantante tex-mex Selena Quintanilla. No; Bettina es única en su género, aunque cuando canta el mix selenino, uno hasta cree que no está en una fiesta charapa sino en un corrido en la frontera México-USA. Sin duda alguna, la hija del recordado hombre-orquesta “Chocho” Alván derrite con su sonrisa, tanto que este modesto escriba se declara desde este instante su fan más entusiasta y militante.

Ofelia Chávez, más aquietada, es reina y señora indiscutida de la canción. Tiene quince años en el oficio y se ha ganado, con justicia, el cetro que encarna. Sus espectaculares piernotas destacan en ese porte de mujer de voz impactante, que lo mismo puede hacer coros o un solo de El Puli, de pandilladas amazónicas o el Toma que toma; "yo tengo un novio/ que me lleva a la bahía/ que me dice vida mía/ que me dice qué calor...". Ofelia está para cosas mayores, tanto que si algún día –Dios no lo quiera- tiene que partir en busca de mejores o más tranquilos horizontes, el grupo se caería inmediatamente.

Pero, ojo, Explosión no se mueve sin las extraordinarias caderas de las bailarinas, las mujeres más apetecibles de la selva peruana. De esta estirpe es Claudia Portocarrero, denominada por su manager y sus amigos como la hija predilecta de la ciudad. La verdad, no existe algún hombre en este terruño, cual fuere su opción sexual, que no haya deseado, siquiera un segundo, poseer esos cuerpecitos imperfectos - marcados por rollitos delatores pero a la vez ricotones. Estas niñas son mujeres-objeto, lo saben bien, pero tiran pa’lante y no se hacen paltas. Una bailarina en Explosión gana muy poco (igual que los músicos) y viendo las ganancias de los propietarios uno no puede sino increparles su tacañería. Sin embargo, ellas ya comen con su mano. Aunque a veces son acompañadas por su mamá o cuando un patita con plata fugaz y motazo acerada las corteja y se pavonea de su conquista, estas diosas del cumbiambeo – licuadoras humanas de siete velocidades - se encargan de recibir lo que piden y decidir hasta dónde está permitido tocar (leyes del mercado, que le dicen). Igual, sigo creyendo como un marido cuernudo en su inocencia, por ello nombro sin pudor a las mejores: Keyla García (la más antigua, sobreviviente de Kaliente y D’Mamey), Alice Vela (mi favorita), Yesenia Pérez, Karen Brito y Jazmín López. De seguro, uno siempre tendrá una de ellas en su mente y su corazón.

3.06 a.m. Unas amiguitas, muy amables y sonrientes, en lo mejor de su colonia Temptation, de su lonpa a la cadera Tayssir, de su chicle Adams globito explotando frente a mis ojos, me muestran la proverbial cordialidad loretana: que mucho gusto amiguito, que son de San Juan, que viven por el fondo de la urba Juan Pablo II, que dos de ellas trabajan con el doctor Monasí y la otra es la hermana, que tiene una hijita bien bonita, que está soltera, que si hay chamba pase la voz, de lo que sea, amiguito, mientras aprietan fuerte el paquete al momento de bailar un medley de cumbia norteña.

Hay que advertir que el Complejo es territorio de guerra, en el más amplio sentido del término. A veces hay broncas memorables, que culminan en la comisaría o con los involucrados brindando abrazados por la reconciliación. Además, las muchachas que entran aquí, cetrinas, virtuosas de la delantera y la trasera, piernonas, papeadas como les gusta a nuestros cholos trabajadores, pacuchas o morenas, las que antes hacían delirar a los choborras en el Monte, el COA o el legendario y temible Paraíso de las Muñecas, son fuertes y se consiguen su propia diversión. Casi parecen groupies, en el agarre de sonidistas, guachimanes y músicos.

La gente sigue a Ofelia, escuchan que es mentiroso ese hombre, es mentiroso, el amor no es solo sexo, al amor no es solo gozo. En lo mejor del tono, como una visión, veo a cientos personas moviéndose compactamente, en cámara lenta, entre chorros de cerveza que emergen como un geiser por todas partes. En ese instante, entiendes que el baile significa algo más que cadencia, ritmo y melodía, es más que un simple movimiento grácil. Cuando te atrapa la música, cuando quedas a merced del talento de los músicos y las bellas voces de las cantantes, cuando se incrusta en tu adrenalina la improvisación de los showmen y penetra en tus ojos el último rincón de las diminutas prendas de las bailarinas, no hay pero que valga. Simplemente disfrutas. La diversión no admite despotismos ni dictaduras, no tolera exclusiones ni racismos. Se observa una profunda democracia nacida del baile, la risa y – cuando se puede – la metida de mano buena onda. La vida tiene sentido porque, irónicamente, suena una canción tan desprovista de sentido – al menos literal – como “el amor es así, como viene se va, a veces te hace feliz, a veces te hace llorar”.

Bailo unas cuantas canciones, incluyendo un set de canciones regionales que incluyen Juanita la supitera, Doña Naty Malafaya y Amor Shegue. Pronto, en medio del frenesí, es el momento en que uno debe aprovechar para atinar con la pareja de turno. Una mano peligrosa que sube a través del muslo posterior y se coloca donde, desde el inicio de la historia, se ha convenido en considerar el destino final del baile como vehículo para el amor, la belleza, la pasión.



5.15 a.m. Empieza a amanecer. Entre gente de todos los aspectos y todas las cantidades de alcohol en el torrente sanguíneo posibles, escucho los acordes del Sentimiento Andino, melodía sinfónica que cierra el show de hoy. Los rumores de la ciudad anuncian que ya es otro día, otra historia, otro trayecto marcado. Embriagado de luces, sudor y alegría, traspaso el portón metálico y rayado de esta mole maciza cargada de emoción y aullidos.

Afuera, sobreviven los desaforados que quieren seguir chupando chela del pico de la botella. El sol se vislumbra detrás de un árbol de mamey. Camino, mirando hacia adelante. Un motocarro pasa por mi lado con un par de chiquillas que gritan con absoluta despreocupación por los chicos que han podido rozar en pleno baile. A ellas también las volveré a ver en unas cuantas horas cuando vuelvan a sentirse en todo su esplendor los parlantes rítmicos del gozo incesante, de la parranda perpetua, del baile interminable.

viernes, 25 de abril de 2008

PRESENTACION EN BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERU

Esta es la nota (y alguna foto) de la presentación de IQT (Remixes) en la Biblioteca Nacional, el martes 12 de febrero, dentro de las sesiones Cholos Charapas, que engloban el coloquio Lo Cholo en el Perú, que persistentemente promueve César Ramos. La autora es Sofía Herrera, y salió en el número respectivo de Kanatari de Iquitos:







La noche del pasado martes 12 de febrero, se presentó en la ciudad de Lima en el Auditorio Juan Mejía Baca de la Biblioteca Nacional del Perú, el libro del joven escritor loretano Francisco Bardales “Iqt (remixes)” como parte de una serie de eventos realizados dentro del coloquio titulado Cholos Charapas.

La obra que fuera presentada el año pasado tanto en Lima como en Iquitos y que tuvo gran aceptación por parte del público asistente, fue comentada en esta oportunidad por el periodista, crítico y columnista habitual del diario el Comercio Fernando Vivas y por la poetisa y narradora Rocío Silva Santisteban.

En su presentación Fernando Vivas recalcó que si bien la obra de Bardales tiene pinceladas posmodernas, ésta se centra más en mostrar la búsqueda de la unidad, la tradición y la polaridad de una ciudad cosmopolita como es Iquitos, donde se puede encontrar discotecas de ambiente, diversidad de ruidos y estilos de vida que están lejos del imaginario del peruano en general y del limeño en particular. Señaló además que el autor rompe los estereotipos impuestos por los medios de comunicación sobre la visión errada de la selva, al mostrarnos una ciudad efervescente, viva y llena de sentimientos encontrados.

Por su parte, Rocío Silva afirmó que ha pesar de no conocer la selva ha podido a través de la lectura de las crónicas de Iqt vivir a plenitud en todo su ser, la explosión de colores, olores, sonidos y sabores que emanan de esta magnética ciudad, por lo que felicitó al autor por el manejo de muchos registros presentes en su obra lo que la hace única en su género, ya que Iquitos es descrita de una manera muy intensa y detallada.

Finalmente al término de la presentación del libro, Francisco Bardales en diálogo abierto con el público explicó detalladamente el origen y desarrollo de cada una de las once crónicas que forman parte de su interesante obra.

PRESENTACION IQUITOS

Tomado de diario Pro & Contra de Iquitos:

Ante un auditorio que rebasó totalmente las instalaciones de La Parranda, el jueves 27 de diciembre, a las 08.30 p.m. se presentó en nuestra ciudad (Iquitos) el libro IQT (Remixes), escrito por el periodista y narrador Paco Bardales y editado por Tierra Nueva, que tuvo múltiples sorpresas, tanto por el contenido como por el sentido de una fiesta cultural que allí se desarrolló.

En los comentarios, la estrella principal de la noche fue el afamado periodista Beto Ortiz, quien se encargó de hacer una serie de apreciaciones sobre el libro de Bardales, calificándolo de nueva literatura amazónica, escrito con sofisticación y cuidado obsesivo por la palabra, además que transportan a realidades muy nuestras, y catalogó al autor como una suerte de “Bret Easton Ellis que escribe en charapa y en lenguaje global”.

Otro de los comentaristas fue el columnista loretano Dino Soria, quien señaló: “Leer IQT será recordar y eso es vivir. Es volver a estar en aquellos sitios y momentos que se fueron para nunca más volver, pero que al traerlos de vuelta de la memoria es placentero y gratificante. Nadie quien se precie de pertenecer a este pueblo, conocido en otras latitudes por su alegria y hospitalidad, podrá decir que no se ve reflejado entre las líneas del libro de Paco (Bardales)”

Posteriormente, el autor del libro se encargó de hace un resumen sobre lo que ha significado este trabajo, que se ha consagrado como la publicación loretana más vendida y difundida en mucho tiempo. Bardales, con un tono confesional, explicó los motivos que lo llevaron a escribir IQT (Remixes) y a declarar con decisión: “este libro es como somos actualmente, como nos encontramos y reencontramos y como importaría que nos tuvieran en cuenta en cualquier otra parte de este planeta”. Posteriormente leyó pasajes del libro que fueron muy aplaudidos por el auditorio.

A su turno, el presidente de Tierra Nueva, Jaime Vásquez señaló la importancia de este libro, que ha sido uno de los más difundidos también en la Feria del Libro de Miraflores, recientemente. Y señaló la importancia de cerrar el año 2007, de gran movimiento y dinamismo para la editora, con la presencia de Beto Ortiz. Inmediatamente fue presentado un minidocumental inspirado en el libro, con dos de las historias, dirigido y producido por Dorian Fernández y Audiovisual Films. Cerró la fiesta el grupo Tran-C, ante la alegría de los concurrentes.







Fotos: Juan Arellano

PRESENTACION FERIA DEL LIBRO MIRAFLORES

Nota difundida en diario Pro & Contra de Iquitos

Con un lleno total en el Anfiteatro Chabuca Granda del Parque Kennedy, el lunes 10 de diciembre se llevó a cabo la presentación de IQT (Remixes), el libro de crónicas del escritor y periodista Paco Bardales, en la Feria del Libro Ricardo Palma de Miraflores, en lo que se ha considerado como uno de los más importantes acontecimientos que han marcado el evento (que culmina el día de hoy) y que cerró con broche de oro las actividades que organizó Tierra Nueva Editores en esta oportunidad.

La presentación estuvo matizada por los comentarios de dos importantes figuras del periodismo narrativo del país. Por un lado, el editor de la prestigiosa revista Etiqueta Negra, Marco Avilés, ponderó las virtudes de un libro que consideró importante y a su autor, como “un talentoso representante de una narrativa que hasta el momento desconocíamos muchos de los capitalinos”. Por su parte, el conductor televisivo y periodista Beto Ortiz se encargó de hacer un balance personal de los encantos y las vicisitudes de una ciudad como Iquitos, y su correlación con la prosa de Bardales, que señaló conocer y valorar.

A su turno, Bardales expresó que lo más importante del libro es que busca expresar en su totalidad la realidad tan difícil como fascinante de una ciudad diferente pero encantadora, caótica, pero multicolor, abigarrada pero acogedora. Leyó algunos párrafos de IQT (Remixes) y se encargó de agradecer tanto a Tierra Nueva Editores como a quienes contribuyeron decididamente a la elaboración del libro, el artista plástico Christian Bendayán y el cineasta Dorian Fernández.

Finalmente, se proyectó un mini documental con la representación gráfica de dos de las once historias que conforman el libro, dirigida y realizada por Dorian Fernández y la producción de Audiovisual Films. Este fue muy aplaudido y concentró la mirada de todos y todas quienes participaron en esta oportunidad.

Cabe acotar que, además de la gran cobertura en medios capitalinos, blogs y páginas electrónicas, la presentación de IQT Remixes ha sido considerada como uno de los eventos más importantes de esta Feria del Libro, según el balance general. Según RPP Noticias: “En cuanto a las presentaciones de libro, las más concurridas fueron las de Jorge Lanata, Mónica Carrillo y Francisco Bardales. El primero, escritor y periodista argentino de larga trayectoria y notable prestigio internacional, colmó las instalaciones del Anfiteatro Chabuca Granda. La segunda, poeta peruana, presentó Unicroma, novedoso poemario que también se puede oír a través del CD del mismo nombre. Y la tercera la presentación del libro IQT de Francisco Bardales que agotó todos sus libros al término de esta.”










sábado, 12 de abril de 2008

LOS REMIXES

Los malos nunca mueren (página 13) Aunque su ubicación cronológica es incierta, se nutre de algunas bases ciertas, como los artículos “Boulevard”,“Reencuentro”, “Fashion” y “La noche y la ciudad”, publicados entre el 2002 y el 2004, primero en el semanario Kanatari y luego, con algunos cambios, en el diario Pro & Contra. Las referencias a la ciudad son reales y algunas anécdotas, maquilladas, efectivamente sucedieron. Los Popeyes, con otro nombre, siguen haciendo de las suyas. Cara de Pato aún recuerda la golpiza que le dio el Papirriqui. El Noa tiene más de diez años haciendo bailar a los iquitenses, a pesar de un Plan Zanahoria
francamente olvidable.

Tu Reyno en mi combi, Divino Baby (página 25) Esta anécdota nace de la visita que hice al santuario del Divino Niño en Pamplona Alta, el 2005, acompañado de mi madre y mi amiga Sofía Herrera, en un momento particularmente jodido de mi vida. Inicialmente fue publicado en Pro & Contra, y luego, con una versión corregida y aumentada, en la revista limeña Sabroso, en dicho año. Con leves añadidos (sobre todo las oraciones, que ahora me las sé de memoria), además de algo de tijera, no ha variado en esencia su contenido primigenio.

Hijas de Belén (página 33) Originalmente, fue publicado en dos partes, en Pro & Contra, el 2005. Posteriormente, algún fragmento fue extraído para una recopilación titulada “Tres historias de cine”, publicado en la revista cultural Katenere, el 2007, año que coincidió con la reedición de la crónica completa en la página web limeña cinencuentro.com. Con añadidos, entre ellos la introducción y el epílogo, no hay duda que mucha de la inspiración para hacer
el sampleo se los debo a Francisco Izquierdo Ríos y César Calvo.

Chullachaqui en la ciudad (página 43) Salvo el capítulo inicial, que fue escrito luego de la muerte de mi abuela materna (días antes de cerrar esta historia), gran parte de lo aquí narrado se nutre, con obvios añadidos, de los artículos “Chullachaqui” y “Chullachaqui en la ciudad” (dos partes), publicados en octubre de 2006 y enero de 2007, respectivamente, en Pro & Contra. Posteriormente, una versión corregida fue publicada en cinencuentro.com. Entre los sampleos, hay algunos guiños a la crónica “Antonio Wong: el hombre que abrazó el sol de Loreto”, publicado simultáneamente en cinencuentro.com y Katenere. La Niña del Azúcar sigue viviendo en la Pinglo Hill. Astro, el perro supersónico, aún no ha vuelto a casa.

San Pablo/Revolución (página 55) Fue escrito originalmente entre noviembre y diciembre del 2004 y publicado en tres largas partes, bajo el título global de “Fúser en la Selva” en enero del 2005 en Pro & Contra, luego de ver Diarios de Motocicleta. Fue la crónica más difícil que me tocó escribir, por la dimensión del personaje protagonista y por la búsqueda de fuentes para trabajar. Ahora, creo que San Pablo ha adquirido el estrellato que se merece, con justicia, en esta historia. Todos los que rodearon a Ernesto “Che Guevara” en dicho periplo son los verdaderos protagonistas. Por eso el nuevo título.

El baile interminable (página 73) Debe su esqueleto inicial a “Explosión”, publicado en setiembre del 2004 en Pro & Contra. Nunca como antes me había divertido tanto en escribir sobre algún lugar. Además, es el escrito personal más leído en prensa escrita del que tengo recuerdo. Algunos datos como el Flashback son nuevos, aunque también debemos recordar extractos que pertenecen a la crónica “Agricobank”, también publicada en Pro & Contra el 2004.

Restinga Kids (página 81) Aunque no estaba incluida en las primeras correcciones del libro, hubiera sido un crimen dejarla de lado. Ambientada en el año 2005, es una de las historias que más me gustan, escrita con la base simultánea de tres issues: un artículo titulado “La Restinga” (Pro & Contra, 2004), una entrevista con Puchín González-Polar (Kanatari, 2004) y una crónica sobre el taller de video de La Restinga y su participación en un homenaje a la visita del poeta Ernesto Cardenal a Iquitos (Pro & Contra, 2005). Debo agregar que el nuevo colectivo audiovisual de La Restinga se llama “Kinoiquitos” y me siento muy orgulloso de haber
contribuido con su nacimiento y consolidación.

El pintor que quería vivir (todavía) (página 89) La entrevista que refiere esta historia es inédita y fue bastante amplia. Está ambientada en el día final de las celebraciones de la Semana Turística de Iquitos, el 24 de setiembre de 2006, antes de que Christian Bendayán cumpliera los 33 años que dan nombre a su más reciente y celebrada exposición individual. Entrelineas, hay guiños a artículos que he escrito sobre su obra, entre ellos “Mundo Kitsch” (Kanatari, 2001), “Bendayán” (Pro & Contra, 2004) y “Bendayán: 33 es una edad para seguir viviendo (todavía)” (Katenere, 2007), además de conversaciones madrugadoras en San Isidro, Miraflores (frente al mar), el Arandú, el Nikoro, La Restinga y el Kike Bar, entre otros.

ADN technicolor (página 103) Esta historia nace de “Adonis”, publicado originalmente en Pro & Contra el 2004, cuando aún nadie se atrevía a escribir abiertamente sobre una discoteca de ambiente en la prensa escrita local. Aún tengo grabada en mi mente la cita de Percy Shelley, que iniciaba aquella crónica: En lo más íntimo del cielo, el alma de Adonai, como una estrella, fulgura en su mansión de eternidad. Una versión mejorada se publicó en la revista de literatura Umbral el 2006. Para quienes se emocionen más de la cuenta, Andrógino, lamentablemente, no existe, aunque convive en tres o cuatros personajes fácilmente identificables. De todos modos, Karlos Vela sigue siendo el showman oficial de la disco (lo cual no es poco decir).

Gentita (página 111) Esta es probablemente una de las crónicas más polémicas que he escrito, porque ha generado un quiebre total en las opiniones: o la amaste o la detestaste (y terminaste detestándome, aunque sea un poquito). Fue publicado originalmente en tres partes, en noviembre del 2004, en Pro & Contra. Probablemente este es uno de los escritos en los que más me he transformado, al punto de mimetizarme completamente con mi objeto de observación. De todos modos, para atizar más aún la leña al fuego, los flashbacks de la memoria del narrador provienen de un artículo titulado “La Colonia” (Pro & Contra, junio 2004) que hablaba sobre los loretanos residentes en Lima, hecha en clave de humor, que despertó la ira de algunos, entre ellos un amigo muy apreciado. En fin, si algo tengo que decir en mi descargo, es que en esta historia - como Bill/David Carradine - solo soy yo en mi estado más masoquista.

Perdido (pagina 127) Se supone que esto nunca debió haber pasado, esto no estaba destinado a ser escrito. Fue una fuerza centrípeta más intensa que mi propia voluntad, conformada por historias ficticias que había escrito a lo largo de mi trayectoria, de retazos de papeles escritos, de mi diario personal (nunca más usado), de fragmentos de sentidas canciones que me recordaban 1993, el Último Año del Resto de Nuestras Vidas, la que terminó por convencerme. Perdido ha sido sazonado con retazos de crónicas como “Breve historia de los ángeles” (Pro & Contra, 2004) y “Los Goonies” (Pro & Contra, 2005; reeditada por cinencuentro.com el 2007), además de “Teletroca” (Pro & Contra, 2004) “Patria o Muerte ¿marcharemos?” (Kanatari, 1999), “Réquiem por cuatro amigos” (El Matutino, 1994) y “Réquiem por cuatro amigos (un calendario después)” (El Matutino, 1995).

AGRADECIMIENTOS

POR USTEDES EXISTO

Digamos que por ustedes existe este libro. Sin embargo, las gracias a quienes hicieron que fuera posible también deben expresarse porque, de modo tangible, me ayudaron a seguir viviendo un
poco más (todavía):

A Igor Panduro, sin ninguna duda, el culpable mayor de que esto exista. A Janet, Paco, Jani y Fabio (por encauzarme, por tolerarme, por no oponerse a las fuerzas de la naturaleza). A Silvia Arbildo y los hermanos Cristina, Daniel e Isac Rivadeneyra, por su apoyo incondicional, siempre. A Vicky Vidal y Pedro Huayhua, porque nunca es tarde para conocer gente invalorable. A Christian Herrera, con quien empezamos a seleccionar los primeros textos y el primer sendero. Obvio, a Jaime Vásquez y Tierra Nueva (en especial al “Potrillo” Carrillo, a Percy Vílchez, a Ángel Vásquez, Mónica Morales, Vania Ochoa y a los que estuvieron antes y después). A Christian Bendayán y a Lala Rebaza, porque ésta también es su obra. A Dorian Fernández y los amigos de Audiovisual (Chichí Fernández, Kenny Reátegui, Jeff Calmet). En la otra orilla, pero con el mismo origen, a Gino Guevara, Darwin Arévalo y Lupe Muñoz. A quienes hicieron posible una versión menos indecente: Leonardo Lay, Sofía Herrera, Gino Ceccarelli, Luisa Ríos. A Doris Moromisato, Jorge Coaguila y Juan Carlos Bondy por su apoyo en la promoción y su ilustrada amistad. A quienes, con sus ideas y su locura y su alegría y sus consejos ayudaron a seguir adelante: Julio López, Daniel Reátegui, Ernesto Luyo, Eduardo Santamaría, Walter Álvarez, Martha Cebrián, Ana Álvarez, Ericka Angulo, Ericka Valencia, Raúl Zúñiga. A quienes me dieron la primera oportunidad para que fuera lo que ahora soy: Maurilio Bernardo, Joaquín García, Julia Ramírez, Alejandra Schindler, Venancio Perea, Susy Perea.


En fin, a tantos (a todos). Sin duda, a todos.

NOTA DEL AUTOR

Las once historias que nutren este libro constituyen una secuencia interminable de tentativas acometidas sobre papel, que se remontan hasta 1994. Cada una posee retazos de artículos, crónicas, entrevistas, reportajes, notas que he escrito en diversos medios (sobre todo iquiteños), las cuales se disponen caóticamente, tijereteadas, parchadas y recicladas con ánimo posmoderno, pero generadas a partir de la base rítmica del pasado. Por decirlo de algún modo, estamos ante un compendio de Greatest Hits para la posteridad. Nil nuvi sub sole.

Sin embargo, todos estos cañonazos súper (i)legibles han sido sometidos a rigurosa revisión y masterizado electrónico. Estamos frente al ensayo de una gran sesión discotequera (con intermedios chill out). Los sintetizadores y consolas de edición han hecho su trabajo: los remixes, por ratos (pero solo por ratos) suenan acompasados y coherentes. No soy DJ, pero algo de habitúe de raves avala mi ignorante atrevimiento, un esfuerzo por mostrar desde la periferia, fundado en las sombras, consagrado a partir de una sigla de corte aerocomercial, las cumbres y abismos de un colectivo tan reconocible y asimilable por quienes han transitado por estas anécdotas o han sentido en toda su dimensión la esencia multicolor de esta ciudad.

Como diría Vernon Wilson: let the music play…

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